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América latina: doble moral

Mucho se habla del carácter de ser racional del ser humano, además de otras particularidades que permiten distinguir su condición del resto de los seres vivos. Apelando entonces al carácter racional del hombre se considera casi evidente el desarrollo de elementos como la lógica, la razón, la consistencia, coherencia y un hilo conductor ligado en su pensamiento de principio a fin. Lo cierto, sin embargo, es que no todo lo que proviene de nuestras acciones y creaciones emana de nuestro carácter racional. No es de extrañar entonces la actitud de dirigentes políticos -so pretexto de ser verdaderas eminencias en el palabreo cantinflero-  en toda América latina cuyos instintos más primitivos los llevan a medir o juzgar iguales circunstancias con distintos parámetros.

No digas tú, di nosotros.

Giuseppe Mazzini no lo pudo sintetizar mejor. Es justamente la idea de despojarse del carácter de individuo independiente y digno por esencia y asumir un proceso de auto-reconocimiento de sí como parte de algo superior lo que diferencia la forma en que se miden las cosas por políticos populistas y caudillos en general. Así, por ejemplo, se relativiza lo ocurrido en países de nuestro continente donde se conculcan los más elementales derechos humanos y naturales del individuo por el solo hecho de cumplir con la entrega de servicios gratuitos (que en realidad financiamos todos vía impuestos). Como todo aquello lo maneja el estado (es decir, la corporación política que según ellos somos todos) se indulta moralmente a todo malhechor de sus crímenes tras haber cumplido el cometido de instalación y propagación del germen colectivista. A juicio de los auto denominados progresistas, los anteriores son los únicos indicadores realmente relevantes a la hora de medir los supuestos niveles de progreso y felicidad de una nación. Ello es justamente la causante directa del lloriqueo ante el apresamiento d ex mandatarios como Lula da Silva, aún habiendo comprobado su corrupción y sus delitos. Es un hombre de los nuestros, de nuestra corriente, y todo lo que hace es en nombre del pueblo. En contraste, se guarda silencio ante la destitución de un presidente opuesto a la cohorte políticamente correcta como PPK en Perú, porque no reza los credos maniqueos de los feligreses progres.

La parte de la tajada

Por lo anterior, es que justamente se llega a estados de cosas que sorprenden por su nivel de cinismo e ilógica, que pasan por relativizar todo aquello que es afín al pensamiento propio y anular y crucificar todo aquello que no germine en las propias siembras. El problema de fondo en todo este asunto, es justamente la flexibilidad moral con que se manipula la realidad política e institucional que, varía en términos de las personas involucradas en actos de corrupción, violaciones de derechos humanos, entre otros. Así, rebuzna con majadera insistencia la cohorte representante del buenismo respecto de consignas que asumen combatir (a punta de robo legalizado) los males que adolece un territorio determinado, aún cuando su fracasada fórmula demuestra lo contrario. Más pobres, menos educados, menos empoderados, más dependencia, menos emprendimiento, menos empleo, menos modernización, estancamiento y sub-desarrollo. Por el lado político, más promesas de transparencia, elevación de estándares políticos, extensión de los tentáculos estatales. Como resultado, adivine usted...lo opuesto, más corrupción, mareas de ignorancia, incultura, mediocridad, tráfico de influencias, depredación económica, y estratosféric os niveles de deuda y servidumbre. La lista suma y sigue. Sin embargo, la vaguedad y emocionalidad emanadas de las más primitivas pasiones provenientes de las izquierdas más clásicas y post marxistas imperantes, resisten y persisten a pesar de todo.

Soluciones?

Cuales soluciones? Ni el más experto profeta de las exactitudes podría tal vez proyectar un escenario un tanto más favorable ante grotesco nivel de propagandismo, lobby, intervencionismo y mezquindad politica. Para los más pesimistas, el auto exilio. Para los más optimistas, la esperanza de lo incierto. Para quienes no se quedan impávidos, la disputa necesaria por correr el cerco, pero con prisa. Se está más que contra el tiempo.







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